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¿DEBEMOS APRENDER A GESTIONAR NUESTRAS EMOCIONES?

¿ES CONVENIENTE APRENDER UNA ADECUADA GESTIÓN EMOCIONAL?

La respuesta es un rotundo: SI.

La mejor forma de aprender a gestionar nuestras emociones es con el acompañamiento de una psicóloga en el marco de una terapia, solos es difícil hacerlo, aunque no imposible.

Normalmente no tenemos un nivel de autoconocimiento sobre nuestro mundo emocional y sobre nuestra conducta suficiente para saber qué nos pasa y darnos cuenta de que lo que necesitamos es un aprendizaje de una adecuada gestión emocional que nos permita relacionarnos con los demás y con nosotros mismos de una forma sana.

Lo primero que tenemos que saber es qué son las emociones y para qué sirven. Hay mucho escrito sobre esto,  sabemos que son adaptativas, o sea que las tenemos para la supervivencia de la especie y que hay algunas innatas y otras aprendidas.

Nosotros somos mucho más que nuestras emociones, no podemos pensar y actuar según ellas nos manden o nos hagan sentir, podemos hacer muchas cosas para evitar vivir según nos sintamos en cada momento.

Por ejemplo, yo hoy me he levantado muy cansada, no he dormido bien, y me siento un poco agobiada porque no me he levantado a mi hora. Ya pienso que no me va a dar tiempo a hacer todo lo que tenía previsto, entre otras cosas escribir este artículo, y esa emoción no tiene por qué condicionar mi día, si yo no lo permito. Puedo elegir entre no actuar y quedarme en la cama porque tengo una emoción desagradable y no me siento bien, o ponerme a trabajar a pesar de esa emoción, y seguramente irá cambiando a una emoción más agradable centrándome por ejemplo en escribir para mi web.

Las emociones por lo tanto no son elementos ajenos a nuestro control, que de repente surgen y nos inundan sin que podamos hacer nada para evitarlo. Esto no es así. Tampoco es cierto que podamos manejarlas a nuestro antojo,

Por tanto, cuando somos capaces de reconocer, comprender y manejar nuestras emociones, estamos en mejores condiciones de reaccionar a las cosas que la vida nos pone por delante de una forma racional.

Además, cuando sabemos gestionar las emociones podemos tomar decisiones más racionales y objetivas, evitando que las emociones intensas nublen nuestro juicio. Seguramente con esta buena gestión emocional podremos relacionarnos de una forma más adecuada con los demás sin dejarnos inundar por emociones que nos conducen sólo a situaciones de las que luego podemos arrepentirnos.

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