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EL TAN IMPORTANTE SENTIDO DE NUESTRA VIDA.

Cuando perdemos el rumbo, el norte, no sabemos para dónde tirar, si estudiar una carrera u otra, si quedarnos con este novio o sóla, si cambiar de trabajo o seguir aburridos en el que estamos, si quedarnos en nuestra ciudad o irnos a otra, cuando tenemos estas ideas tan contradictorias, decimos que hemos perdido el sentido de nuestra vida, o sea que no llevamos el toro por los cuernos de nuestra vida porque no sabemos para dónde tirar, ni hacia dónde ni cuándo ni con quien.

Esto en consulta, en terapia psicológica, es mucho más frecuente de lo que parece, le pasa a muchos pacientes. El síntoma que verbalizan  es apatía, tristeza, desgana, enfado, ira, en fín un malestar general con cierta tristeza.

El objetivo de vida lo estudió Viktor Frankl  y tiene publicado mucha narrativa al respecto, por si alguien le interesa el tema y quiere profundizar en él. Según este autor, este sentido de la vida está en hallar un propósito, en asumir una responsabilidad para con nosotros mismos y para el propio ser humano. Es algo así como tener claro un por qué. Un por qué al levantarnos cada mañana, un porqué de seguir vivos ante tantos problemas y tantas dificultades que nos trae la vida.

Este sentido de la vida se trabaja a lo largo de la terapia psicológica de forma que el paciente va tomando consciencia de en qué momento se separó de su propia esencia, de las cosas que le hacían sentirse bien, de sus valores y tendrá que ir retomándolos poco a poco, o si éstos han cambiado ir tomando decisiones para acercarse de nuevo hacia ellos. Esto es un camino largo porque no es fácil esta toma de consciencia ni tampoco el saber qué valores tenemos cada uno.

En la filosofía japonesa hay un término que habla de este sentido de vida que es el IKIGAI,  que significa la razón de vivir o de ser. O sea que teniendo Ikigai podemos disfrutar de la vida porque sabemos hacia dónde vamos.

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