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¿QUÉ GRADO DE FUERZA VITAL TENEMOS?

Os comento siempre la importancia del autoconocimiento para saber dónde estamos, de dónde partimos cuando queremos cambiar algo que no nos está haciendo bien y queremos mejorarlo porque la situación actual nos está trayendo dificultades.

Un aspecto importante que tenemos o deberíamos saber de nosotros mismos es el nivel de energía que tenemos. Hablamos de la energía para afrontar lo que nos depara la vida en ese día que acaba de empezar, no me refiero a la energía para subir las bolsas del supermercado, para ir al gimnasio o para limpiar la casa, que también es importante.

Normalmente las personas con trastornos psicológicos tienen un nivel de vitalidad bajo, pero aún teniendo una salud mental brillante, una vida normalizada, con trabajo, familia, amigos y todo un entorno normalizado hay personas que su energía es baja.

Evidentemente este nivel de energía nos influye también en lo intolerantes que somos a los cambios e imprevistos que nos surjen, muchas veces a los relacionados con conflictos o con relaciones personales.

Cuál es la dificultad de este bajo nivel de energía, que los demás no nos damos cuenta de cómo están y les exigimos el mismo esfuerzo que se le exige a una persona de nivel vital medio o alto. Normalmente las personas que tienen un nivel de energía muy bajo es que tienen alguna dificultad relacionada con el estado de ánimo, pudiendo ser algo temporal o un trastorno. También les pasas a los que tienen mucho estrés y /o ansiedad.

Por ejemplo a la hora de planificar todo lo que tenemos que hacer en un día, nosotros, los que tenemos mucha energía, podemos organizar un sinfín de tareas que una persona con el estado de ánimo bajo no va a poder ni siquiera imaginar que lo tiene que hacer. Puede ser que para algunos, sólo tener que ir a trabajar sea algo absolutamente agotador, porque tienen que hablar con compañeros, atender a clientes, o simplemente enfrentarse a un ordenador.

Puede que incluso ir a una cena con amigos sea para ellos como para nosotros correr una hora seguida en la cinta del gimnasio. Algo absolutamente cansado.

Por ese motivo tenemos que ser compasivo con los demás y aceptar sin juicios lo que cada uno puede dar en cada momento.

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